«En Granada, el enemigo alzaba banderas. Aquí no hay banderas. Solo papeles.»
Enero de 1492. Mientras las últimas torres del reino nazarí caen bajo las bombardas castellanas, Rodrigo de Salazar descubre un pergamino que no debería existir. La reina firma sin testigos una misión imposible: desmantelar la conjura que pretende ahogar la empresa del genovés Colón antes de zarpar. Frente a él, un adversario invisible que no busca la batalla abierta, sino el golpe dado desde dentro.