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Mundo naval

Nao y carabela: por qué la Santa María no era lo que crees

El imaginario popular habla de "las tres carabelas". Pero la nave capitana de Colón no era una carabela, y la diferencia —de barriga, de velamen y de carácter— pesa en cada página de la travesía.

Pocas correcciones dan más pereza que la del pedante naval, así que la hago rápido y a otra cosa: la Pinta y la Niña eran carabelas; la Santa María era una nao. Lo interesante no es la etiqueta, sino lo que cambia con ella.

Dos máquinas distintas

La carabela era el pura sangre de la exploración portuguesa: casco fino, poco calado, aparejo manejable, capaz de ceñir contra el viento y de meterse por ríos y bajíos donde nada más flotaba. A cambio, cargaba poco y la vida a bordo era un castigo: cubierta corrida, sin apenas espacios bajo ella.

La nao era otra filosofía: más panzuda, más alta, con castillo a proa y toldilla a popa, pensada para el comercio: tripulación más numerosa, bodega honda, camarote para el maestre. Más lenta y de peor gobierno, pero capaz de tragarse meses de bastimentos. En la saga, esa bodega importa: el laberinto de barriles, sacos y cajas apiladas hasta los baos donde transcurren algunas de las escenas más tensas de Rutas de traición solo existe en una nao. En una carabela no hay donde esconderse; en una nao, la oscuridad tiene peso.

La flota real de 1492

La combinación no fue un capricho: Colón llevaba una nao almiranta para la carga y el mando, y dos carabelas como exploradoras, rápidas y de poco calado para costear lo desconocido. La Niña salió de Palos con aparejo latino —velas triangulares, herencia portuguesa— y en las Canarias se le cambió a velamen cuadrado, mejor para correr los alisios que esperaban océano adentro. La Pinta, por su parte, llegó a las islas con el timón suelto, una avería que obligó a recalar y reparar —y que los cronistas de la época ya miraron con sospecha—. Quien haya leído Rutas de traición sabe el partido que la novela le saca a ese timón remendado, sostenido a fuerza de pernos improvisados, cuerdas y un hombre sujetando el calzo con las dos manos.

Carácter de barco, carácter de novela

Para un novelista, la nao es un regalo: lenta, abarrotada y llena de rincones, es una pequeña ciudad flotante con su bodega a oscuras, su jerarquía y sus noventa hombres que no pueden irse. Es decir: el escenario perfecto para encerrar con llave a un grupo de personajes... y a un traidor.