Armas · Trastienda de la saga
El messer de Mateo: el cuchillo que era una espada
Un solo filo, empuñadura de madera y un truco legal alemán detrás. La historia real del arma favorita de los mercenarios del norte, y cómo acabó al cinto de un segoviano.
Si el pistolete de Rodrigo es un arma de futuro, el messer de Mateo Carvajal es un arma con pedigrí. Y con una historia curiosa detrás, porque el messer —«cuchillo» en alemán— es probablemente la única espada de la historia que existió por una cuestión de papeleo.
Una espada disfrazada de cuchillo
En las ciudades del Sacro Imperio, la fabricación de espadas estaba reservada a los gremios de espaderos, y su porte, restringido por leyes que distinguían entre caballeros y plebeyos. Los cuchilleros encontraron el resquicio: si la empuñadura se construía como la de un cuchillo —cachas de madera remachadas a una espiga plana, en lugar de la espiga enfundada de una espada—, el arma era, legalmente, un cuchillo. Aunque midiera casi un metro. Aunque tuviera guarda. Aunque sirviera exactamente para lo mismo.
Así nació el grosses messer, el «cuchillo grande»: hoja de un solo filo, a menudo con una ligera curva hacia la punta, robusto, barato de producir y devastador en el corte. Se convirtió en el arma de cabecera del soldado de a pie centroeuropeo y, muy especialmente, de los lansquenetes, los mercenarios alemanes que en las décadas siguientes pelearían en media Europa, incluida Italia.
El messer en la novela
Por eso Mateo no compra su messer: lo gana en campaña. La primera vez que aparece en la saga, la procedencia queda dicha en una línea:
Cargaba un montante a la espalda y un messer largo al cinto, de un solo filo y empuñadura de madera, botín de un lansquenete muerto en Nápoles, porque Mateo siempre había preferido llevar encima lo necesario para matar a cualquier distancia que el brazo alcanzase.
Esa frase resume al personaje y su arsenal: el montante para el campo abierto, el messer para lo demás. Y «lo demás», en una novela de espionaje, es casi todo: pasillos, posadas, cubiertas de barco. Mateo aplica una doctrina que cualquier soldado veterano suscribiría: en espacios cerrados, el arma larga estorba. Cuando la pelea entra por la puerta de una casa, suelta el montante y desenfunda el messer.
La hoja de un solo filo, ligeramente curvada hacia la punta, corta como pocas y permite trabajar pegado al cuerpo del enemigo. En la saga, los combates con messer se cuentan como se contaban en los manuales de esgrima de la época: con anatomía. Dónde entra la hoja, qué corta y qué pasa después. Sin coreografía. La esgrima histórica del messer está documentada hasta el detalle —maestros como Johannes Lecküchner le dedicaron tratados enteros a finales del XV—, y esa precisión es una de las señas de identidad de la saga.
Un arma con biografía
Hay un detalle más, y es deliberado: tanto el pistolete de Rodrigo como el messer de Mateo son botines. Armas que tuvieron otro dueño y que cambiaron de mano por la fuerza. En 1492 un soldado raso no encargaba armas a medida: las heredaba, las compraba usadas o se las quitaba a un muerto. Los objetos de la saga llevan biografía encima, igual que los hombres que los cargan.